A más recursos masculinos, más orgasmos femeninos

5 10 2009

Allan Pease: Por qué los hombres quieren sexo y las mujeres necesitan amor (ficha en El jardín del libro):

Llevo 18 años escribiendo sobre las diferencias entre hombre y mujer y no ha cambiado nada excepto que la sociedad de la imagen y sus anuncios sexys han aumentado las ilusiones respecto al otro sexo y, con ellas, los desengaños

Bajo el maquillaje cultural, la realidad evolutiva persiste: los hombres seguimos teniendo veinte veces más testosterona que ellas y un impulso sexual proporcional. Las mujeres buscan que un hombre les solucione todos sus pequeños problemas, y los hombres, que todas las mujeres nos solucionen nuestro pequeño problema. La cultura ha cambiado en estos últimos 50 años, pero la psicología evolutiva necesita miles para modificarse. Así que las mujeres aún atraen a los hombres con la promesa -más o menos vaga- de sexo, y ellos, con la promesa -más o menos vaga- de recursos

La biología no persigue nuestra felicidad sino mejorar la especie. Ellas tienen pocos óvulos y años de fertilidad, así que aseguran su apuesta: toda sus emociones se dirigen a la búsqueda del varón que invierta recursos en ellas y discriminan a la mayoría de solicitantes que sólo quieren disfrutar un ratito. Aunque hoy muchas mujeres se crean liberadas, siguen sin ser capaces de separar el sexo -gratificación instantánea- del amor -la búsqueda de recursos a largo plazo-, porque sus circuitos neuronales los mezclan. A los tíos, en cambio, nos encanta separarlos.

Algunos Estados hacen de buenos padres y subvencionan a las madres solteras. Por eso el sexo extramarital es más habitual en esas socialdemocracias que en los países pobres, donde los hombres aún tienen todos los recursos y ellas aún los necesitan.

Incluso en una orgía, las señoras son más atraídas por quienes, además de buen cuerpo, muestran recursos y compromiso. También por eso los hombres ricos -test de Pollet-Nettle, Newcastle 2008- proporcionan más orgasmos a sus parejas. De ahí que la motivación de un varón siempre sea acumular recursos.

Si ella le descubre una infidelidad, lo primero que le pregunta es: “¿La quieres?”, o sea: “¿Le darás tus recursos?”. Y el idiota contesta, aliviado: “No, cariño: sólo ha sido sexo”. Es una salida. En falso, porque ella no le cree: ninguna mujer puede concebir el sexo sin una mínima implicación emocional. Así que ella lo abandona, y el idiota aún se pregunta por qué.