Vaya por delante que me ha encantado. Fantástica la animación de personajes (no recuerdo unas miradas tan expresivas), los escenarios y el manejo de las citas literarias, incluida la vuelta de tuerca del Shrek original.
Digamos que esta cuarta entrega (¿y última?, ¿te lo crees?) viaja más allá del final tópico fueron felices y comieron perdices. Si anteriores capítulos habían vuelto del revés los esquemas del cuento mágico, quedaba por explorar esta dimensión vital para la cultura postmoderna: ¿qué hay después de la adrenalina hormonal, cómo se mantiene una pareja, compensa la estabilidad…? No sólo el amor después de la aventura y la juventud sino también y sobre todo los hijos.
La realidad antiheroica como el más duro de los escenarios. Y Shrek, a pesar de su carácter alternativo e inconoclasta, se despeña en el eterno masculino: no resiste la rutina exigente que en cambio disfruta Fiona con la abnegación del eterno femenino.
Hasta aquí, demasiado conservador: ¿la saga volviendo sobre sus pasos para aferrarse a los modelos de siempre? La crisis del hombre mayor, la incapacidad para asumir un rol cotidiano comprometido, la pulsión por la libertad… en fin, lo que ya sabemos y hemos visto tantas veces.
La sorpresa está al final, y no la cuento. Aunque mal resuelto argumentalmente, el desenlace da la vuelta a toda la historia. Estábamos en la pista falsa, porque sí había protagonista femenina en la historia. Falla el beso mágico cuando lo da Shrek. Porque lo había dado él.
Shrek 4, un papá en apuros
12 07 2010
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