Mi tía Concha

27 02 2009

No creo que existan hijos preferidos pero sí sé que la tía Concha era mi preferida. Quizás la preferida, entre las cinco tías solteras que vivían con mi abuela, por todos los primos. Los muchos primos que íbamos a comer en Navidad ocupando tres mesas en sendas salas distintas con el consiguiente despliegue logístico. Femenino, claro: ellas (las tías que habían preparado el largo menú y toda la casa, pero también las cuñadas o las sobrinas) mientras ellos fumaban y discutían del trabajo.

Creo que ella, la tía Concha, era la única que fumaba. Rubio por supuesto (¿Winston?) y muy de tanto en tanto. Seguramente porque era la más moderna de las hermanas solteras.
Trabajaba en un banco, conducía coche, y esto la debió hacer más mundana aunque también fuese beata. No era la mayor pero hacía de cabeza de familia en esta casa de mujeres: era ella quien compartía cama matrimonial con la abuela.

La tía Concha fue la única a la que le conocimos novio, y todavía recuerdo el freno que nos pusieron a los primos una tarde que llegábamos invadiendo la casa de mi abuela, exigiéndonos silencio y respeto porque había muerto el novio de la tía. Un accidente de moto, que quedó flotando durante un tiempo en aquel escenario hoy lejano como son los mitos.

Alegre y extrovertida. Rubia y elegante. Dominante como el resto de la familia.
Recuerdo sus gorgoritos, no sé si postizos, cuando se ponía a remedar algún aria de zarzuela, de estas que gustaban a mi abuela.

Decía que era mi preferida, y creo que de todos los primos, porque era la menos regañona, tal vez porque estuviese liberada de las responsabilidades domésticas. Y la que a veces nos sorprendía con un regalo. Como me sorprendió un día, presentándose hace poco en el trabajo. “Es tu tía” me avisan desde conserjería. “Les he dicho que era la tía del director, y que he venido a verte”.

Se fue al cabo de unos minutos, satisfecha. Ayer se fue definitivamente, creo que también satisfecha de lo que vivió.
Con ella, 92 años y la más longeva de los doce hermanos, muere una generación.