La mala conciencia del separado

23 07 2008

Más allá del formalismo legal, pocas separaciones se producen de mutuo acuerdo, aunque ambos estén de acuerdo en que la pareja no funciona. Y es que suele haber uno o una de las partes que lo tiene más claro o tiene más prisa que la otra parte. También pasa que una de las partes tiene más que perder y se resiste por miedo o comodidad.
Y esta asimetría de ritmos es la que lleva a las formas diferentes de vivir el mismo divorcio: quien se siente abandonado o traicionado tiende a reforzar la memoria y el victimismo, quien se siente liberado tiende a borrar la memoria a cambio, en ocasiones, de cargarse de mala conciencia.
La mala conciencia es mala consejera, ya la misma construcción lingüística lo expresa, porque distorsiona la realidad cubriéndola de una perspectiva sufriente y hace imposible el entendimiento con los demás. El complejo de culpabilidad es la contrapartida del victimismo, dos formas patológicas de magnificar las propias carencias. De ahí que las separaciones sean experiencias traumáticas y confusas, que todavía se complican más en el caso de que una o ambas partes permitan la intervención externa de familiares y amigos o en el todavía más delicado de que haya hijos comunes.


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