Juegos masculinos en la piscina

22 07 2008

Siempre había creído que la afición por pegarse como juego y broma entre los chicos era un ritual exhibicionista como el de tantos machos del reino animal.

Pero no.
Estando en la piscina, observé a un grupo de adolescentes que no paraban de perseguirse, lanzarse al agua, hundirse, pegarse, hacer cabriolas, entrar y salir antes de volverse a lanzar sobre alguno de ellos, darse patadas y volverse a tirar al agua, pegarse de nuevo… así durante minutos y minutos (cinco, seis, diez) Ininterrumpidamente.
Demasiado ritual, pensé. Además, se lo pasaban tan tan bien.

Entendí que el origen y el significado de este espectáculo universal era otro que el narcisismo o la demostración de fuerza.
No se trata de un rito iniciático. Es puro juego.

Aunque no hubiese chicas ni un solo bañista despistado, la fiesta sería la misma. Disfrutan entre ellos y no para otros.
La complicidad compartida remite al componente lúdico que los reafirma como género.

Quizás en su origen el hombre cazase como necesidad, después de como ejercicio de intimidación. Pero lo que ha quedado es la celebración.
Las chicas hoy día pegan por cuestiones de territorialidad. Ellos, por placer: basta verlos en la piscina para entender cómo se remontan a los orígenes. Ahí están igualmente los papás, los tíos, los seniors de cualquier grupo: también juegan a perseguir y tirar y hundir a los pequeños.
Como críos.





Cómo reconocer a un hombre

22 07 2008

Contaba mi tía (hará años y años, cuando no había tele y la gente caminaba por las tardes o charlaba por las noches tomando el fresco durante el verano) que durante la Guerra Civil se popularizó un sistema infalible para identificar sacerdotes que se hubiesen disfrazado de paisano para escapar de las iras de los rojos. Les tiraban, como sin querer, una moneda entre las piernas. Si las cerraba, era un cura: el reflejo pavloviano acumulado mientras vestían sotana les delataba.

Si en cualquier sitio (calle, plaza, piscina, jardín, patio…) se atraviesa una pelota perdida, podrás identificar igualmente el sexo de quienes se cruzan con ella.
Mientras las mujeres se la miran con curiosidad y en todo caso buscan con la mirada de quién pueda ser, los hombres irremediablemente se lanzan a ella para pegarle una, dos o tres patadas, de lo más realizados.