
Condenado a 18 años el joven que mató a un bebé de un año, hijo de su compañera sentimental, porque éste le movió el brazo mientras jugaba al vídeo juego Mortal Kombat.
Los hechos: desde la cama, el pequeño introdujo una mano en los mandos y le hizo perder una partida, a lo que el acusado reaccionó “golpeando al niño con el puño cerrado en la zona abdominal”. El bebé cayó al suelo. Entonces, “el acusado cogió al niño por la cintura, lo levantó y lo lanzó sobre la cama, mientras el niño continuaba llorando y gritando”. En la cama, “le golpeó fuertemente en la cabeza con la palma de la mano derecha en la que portaba un anillo” y en la espalda con el puño cerrado. Después “dejó al niño en la cama, mientras éste gemía y se quejaba”, hasta que el pequeño se calló. Luego lo bañó y lo dejó solo (entrecomillados del escrito de la Fiscalía)
No importa dónde pasó ni de qué nacionalidad eran el joven y su hijastro.
Importa el sexo. ¿Podemos imaginar que hubiese reaccionado así una mujer igualmente aficionada a los vídeojuegos?
Hoy he leído un post en Blogpocket comentando en profundidad la noticia. Denuncia que todo esté permitido “en la mayor industria del entretenimiento”. Curiosamente, lo firma una mujer.
Los hombres, principales consumidores de vídeojuegos de contenido sexista y violento, ¿serían tan contundentes como Marta Madrid?
Enlace recomendado: Historia de la violencia en los vídeojuegos,






