Este es un blog dedicado a la memoria de mi padre, y algunos de los posts tienen que ver con él.
Me gustaría recuperar más detalles de su personalidad, y le dedicaré textos y emociones.
Conservo algunas fotos suyas de cuando joven, esta época en la que casi todos somos guapos. Delgado y elegante, vestido de militar. Del tiempo de la guerra, de la cual tan poco me contó, sobre la nieve o montado a caballo.
Época mítica, ajena a la realidad que compartí con él. Del paisaje y amigos que aparecen en estas fotos, ningún rastro.
Reservado y discreto, mi madre me contó, siendo yo ya mayor, que acabó la guerra en la enfermería, atacado por la tuberculosis y sin un pulmón.
Los primeros recuerdos que conservo son apacibles y se insertan en un mundo desaparecido para siempre: pobre, austero, silencioso, artesano. Mi padre dibujando un léon copiado de un libro, para mi admiración. Mi padre subiendo las escaleras de casa, siempre medio silbando. Y los canarios. La cocina con jaulitas colgadas en la pared para disgusto de mi madre, en las que hacía cría de canarios, medio por placer medio por unas pesetas complementarias.
Una vez se cayó a la calle un canario con su jaula, desde el balcón en el que yo estaba sentado. Y se me ocurrió dibujar un canario y poner el dibujo dentro de la jaula vacía para que él, mi padre, no notase la ausencia al regresar del trabajo.
El resto de la infancia son fotos y unas pocas historias.
¿Fue real, soñado, contado o simplemente imaginado que en el pueblo donde pasamos unos días de veraneo él me llevaba sentado delante sobre el manillar de la bici que conducía? ¿O era una moto?
No creo que fuese una moto. A mi madre le daban pánico.