Los hijos ¿siempre serán hijos?

27 05 2008

La maternidad y la paternidad son trabajos y roles que no deberían eternizarse. No tendrían por qué: más allá de su necesidad en la primera infancia y hasta la adolescencia en que los hijos necesitan seguridad, protección, cariño, orientación, alimento y demás suministros básicos para la formación del cuerpo y el carácter, los padres podrían retirarse a un segundo plano.
Y no me refiero a un distanciamiento físico (hoy en día ya habitual, ya que los abuelos optan por vivir su segunda juventud) sino a un progresivo abandono de la máscara adoptada espontáneamente durante años.

¿Es posible? En la realidad, apenas se da este proceso. Por mucho que los hijos crezcan, los papás y mamás siguen viéndolos como hijos. Y viceversa.
La inercia (tan fuerte, ya que se puso en marcha en la etapa más inconciente y desbordante: embarazo, parto, lactancia…) se impone a la realidad de la evolución. La evolucioón evidente de los hijos, pero también la de los padres, apenas admitida en este contexto. Los padres se exigen mantenerse fieles al rol que representaron, y los hijos se encargan de reforzar esta expectativa.

¿Es antinatural en todo caso la actualización de la relación que une a padres con hijos?
Mi opinión: es difícil. Existe una resistencia a desmarcarnos de esta etapa y las formas que generó, tal vez porque contiene la ilusión del paraíso perdido, tal vez porque todos nos resistimos a crecer, a envejecer: ¿complicidad entre padres e hijos para aferrarse a un tiempo pasado como vacuna contra el paso del tiempo?