El caso del sicópata austríaco que los medios están publicitando con todo lujo de detalles a su alcance (el pueblecito, la casa, el acceso al sótano, el hospital… están tomados por los periodistas) me ha hecho recordar una película que vi hace muchos años.
Es una de la últimas que filmó William Wyler, con banda sonora de Maurice Jarre. Se titula The Collector (1965) y está interpretada por un jovencísimo Terence Stamp, el cual compone un personaje absolutamente inquietante: un joven oficinista (no sé por qué lo asocio a Bartleby, el escribiente de Melville) tímido e introvertido, cazador de mariposas, rapta a una joven estudiante por la que se siente atraído. La película es la narración dramática de este cautiverio, una exploración de la dialéctica que se establece entre secuestrador y secuestrada.
Dos sicópatas que calculan milimétricamente su crimen, el monstruo de Amstetten y el personaje de la película de William Wyler. Dos incógnitas que expresan de manera tortuosa algunos de los peores fantasmas que empujan el inconciente masculino.
Por ejemplo, la necesidad de dominar como método con el que neutralizar un profundo complejo de inferioridad frente a la mujer. O la regresión uterina a un espacio sin contendiente donde poder realizarse en una vocación narcisita / exhibicionista de hijo único, de hombre único.
Para quienes no conocen el film, dejo dos fragmentos, el primero de 8 minutos y otro que es un trailer, con los cuales podemos hacernos una idea de la atmósfera viciada en la que se relacionan los protagonistas de la película de Wyler:






