Mi padre, mi abuelo y las mamás que siempre lo serán

29 05 2008

Comenta Irina que las mamás siempre serán mamás. Nunca se jubilan, ufff, qué cansado o qué heroico, no? :-)

Cuento una anécdota:
Mi padre tendría unos 35 años, estaba casado y tenía dos hijos, mi hermana y yo. Vivíamos en un pueblo, y en una ocasión en que fuimos a la ciudad nos quedamos en casa de mis abuelos, grande como los hogares patriarcales de entonces.
Por la noche mi padre tuvo que bajar a la calle en busca de una medicina a la farmacia. Pero al abrir la puerta, su padre le interpeló:
-No saldrás así, sin abrigo
-Es que sólo tengo que cruzar la calle para ir a la farmacia
-Te he dicho que no puedes salir sin ponerte el abrigo
Y, claro, se lo puso, obediente como no les quedó más remedio que ser, él y mis otros once tíos.

Mi abuelo fue un padre que siempre fue padre. Aún después de morir, con su foto presidiendo todas las salas de todos sus hijos, y con una gran cantidad de frases y escenas protagonizadas por él, que sus hijos se encargaban de mantener vivas e incluso transmitir con la misma devoción a los nietos.

Yo a eso le llamo cultivo de la personalidad, abuso de autoridad o simplemente egocentrismo: los papás y mamás quieren continuar siéndolo como una forma de prolongar sus privilegios, casi por miedo a cederlos como suele pasar en las monarquías: cómo les cuesta a los reyes ceder el trono en vida, abdicar en favor del heredero por mayor que sea.

O sea que mi abuelo siempre fue papá, y aún abuelo. No permitió otra opción





Padres separados

29 05 2008

Creo que hay cosas peores para los hijos: sentir que sus padres, aún viviendo juntos, no se respetan, están enfrentados en gustos, ideas y proyectos, se odian aunque sea cordialmente, están hartos uno de otro, se engañan, se ignoran.





Los hijos ¿siempre serán hijos?

27 05 2008

La maternidad y la paternidad son trabajos y roles que no deberían eternizarse. No tendrían por qué: más allá de su necesidad en la primera infancia y hasta la adolescencia en que los hijos necesitan seguridad, protección, cariño, orientación, alimento y demás suministros básicos para la formación del cuerpo y el carácter, los padres podrían retirarse a un segundo plano.
Y no me refiero a un distanciamiento físico (hoy en día ya habitual, ya que los abuelos optan por vivir su segunda juventud) sino a un progresivo abandono de la máscara adoptada espontáneamente durante años.

¿Es posible? En la realidad, apenas se da este proceso. Por mucho que los hijos crezcan, los papás y mamás siguen viéndolos como hijos. Y viceversa.
La inercia (tan fuerte, ya que se puso en marcha en la etapa más inconciente y desbordante: embarazo, parto, lactancia…) se impone a la realidad de la evolución. La evolucioón evidente de los hijos, pero también la de los padres, apenas admitida en este contexto. Los padres se exigen mantenerse fieles al rol que representaron, y los hijos se encargan de reforzar esta expectativa.

¿Es antinatural en todo caso la actualización de la relación que une a padres con hijos?
Mi opinión: es difícil. Existe una resistencia a desmarcarnos de esta etapa y las formas que generó, tal vez porque contiene la ilusión del paraíso perdido, tal vez porque todos nos resistimos a crecer, a envejecer: ¿complicidad entre padres e hijos para aferrarse a un tiempo pasado como vacuna contra el paso del tiempo?





Nuestra juventud

22 05 2008

El médico ingles Ronald Gibson, comenzó una conferencia sobre conflictos generacionales, citando cuatro frases:
1) ‘Nuestra juventud gusta del lujo y es maleducada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. Ellos no se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres y son simplemente malos’.
2) ‘Ya no tengo ninguna esperanza en el futuro de nuestro país si la juventud de hoy toma mañana el poder, porque esa juventud es insoportable, desenfrenada, simplemente horrible.’
3) ‘Nuestro mundo llegó a su punto crítico. Los hijos ya no escuchan a sus padres. El fin del mundo no puede estar muy lejos’
4. ‘Esta juventud esta malograda hasta el fondo del corazón. Los jóvenes son malhechores y ociosos. Ellos jamás serán como la juventud de antes. La juventud de hoy no será capaz de mantener nuestra cultura’

Después de éstas cuatro citas, quedó muy satisfecho con la aprobación, que los asistentes a la conferencia, daban a cada una de las frases dichas.
Recién entonces reveló el origen de las frases mencionadas:
La primera es de Sócrates (470-399 a.C .)
La segunda es de Hesíodo (720 a.C.)
La tercera es de un sacerdote del año 2.000 a.C.
La cuarta estaba escrita en un vaso de arcilla descubierto en las ruinas de Babilonia (Actual Bagdad) y con más de 4.000 años de existencia.





Modelos (1)

20 05 2008

Sigue siendo un misterio cómo y cuándo un hijo mimetiza patrones adultos, importados normalmente desde el repertorio materno o materno.
Por qué un hijo incorpora determinados mecanismos y fobias, mientras que otro otras, siendo el contexto y los estímulos los mismos o casi. Por qué los hermanos no reproducen el mismo esquema y la misma jerarquía de valores heredada. Por qué cada uno es una fórmula diferenciada, en ocasiones casi antagónica con las adoptadas por los demás hermanos.

No basta el argumento de la atención a la diversidad imperante en la ideología actual, que respeta y aún cultiva los elementos diferenciadores, aunque explicaría por qué hoy día son más acentuados de lo que se permitía en anteriores generaciones, sometidas a un molde más homogeneizador.

Tampoco basta la moderna fluctuación de una unidad familiar empujada por el estrés laboral, los viajes, los divorcios y demás factores disgregadores.

Cada niño (y me refiero igualmente al niño que pervive en nuestra personalidad, casi intacto e inmune en este sentido a los cambios de la madurez) es un cóctel sutil y en ocasiones nada explícito de las influencias materna y materna. Es más: de las que el padre y la madre arrastran de sus propios progenitores.

El niño se parece al abuelo materno, por ejemplo, incluso sin haberlo llegado a conocer. Y es que el hilo conductor de la herencia sicológica permanece vivo, en la medida en que sus transmisores lo asumen en sus propias vidas. Más fuerte y activo en la medida en que es más inconciente.

Uno de los principales objetivos de cualquier padre o madre debería ser sanear su propia herencia. Reconocer y elaborar hasta distanciarse los mecanismos que sus propios padres les han traspasado: gustos, prejuicios, aficiones, convicciones, hábitos, fantasías…

Y así aspirar a no marcar a sus propios hijos de forma exagerada u obligatoria.
Educar a un hijo debería incluir, por muy tópico que parezca, estrategias que impidiesen la mimetización de nuestros miedos, complejos, frustraciones y demás oscuridades del alma. No ofrecerse como modelo, o al menos favorecer el contacto con otros distintos.





Las 10 peores mamás

14 05 2008

He aquí una lista inusual, que he encontrado en Neatorama. ¿Existen mamás malas?

1. La mamá de The Wall (ópera rock de Pink Floyd, convertida en película por Alan Parker) La mamá sobreprotectora del protagonista, Pink, es una de las causas de su alienación. El compositor y líder de la banda Roger Waters se refirió así a su madre: “A mi madre le costaba escuchar, ese era el mayor problema que tuve en mi infancia. Lo descubrí recientemente, al fin. Llegué a un punto en mi vida en el que había encontrado una perspectiva desde la que podía mirar a esta mujer y verla tal y como es. Y tiene un montón de cualidades, pero no escucha.” Puedes leer un interesante psicoanálisis de The Wall

2. Mrs. Robinsosn, la suegra seductora de la película El graduado

3. La madre de Hamlet y causante de su atormentada ambigüedad. Si recuerdas la tragedia, se casa con el asesino de su esposo, el hermano ambicioso que deseaba arrebatarle todas sus propiedades.

4. La madre asfixiante y culpabilizadora de Portnoy’s Complaint, la novela de Philip Roth que retrata este tipo de madre judía

5. Livia, la madre de la serie Los Soprano

6. Medea, personaje mítico sobre la que se han escrito abundantes versiones, la más conocida de ellas la tragedia de Eurípides. Medea es la bruja celosa que desencadena la muerte de sus propios hijos.





Años 70

13 05 2008

Un anuncio de pantalones de hace sólo unas décadas, que muestra y demuestra cómo y cuánto han cambiado los tiempos.
La imagen es una apología de una marca de pantalones masculinos: con ellos, la mujer caía rendida a los pies del hombre, por muy tigresa que fuese.
A veces se nos olvidan los orígenes. No está mal recuperar la perspectiva histórica para entender el presente porque, de forma sutil, siguen vivos.





Contra reloj

13 05 2008

Despierto a Llúcia a las 7:45 y la acompaño a la cocina a desayunar mientras llamo a Abril para que se levante de la cama.
Preparo el desayuno, con Lluci sentada en su silla y Abril vistiéndose. Vaso de agua para la pequeña, además de su taza de colacao con galletas, y para la mayor tarta de chocolate con taza de leche.
Mientras desayunan, saco la colada y la pongo en la secadora. Preparo una nueva carga de ropa sucia: quitamanchas y a la lavadora, que pongo en marcha al tiempo que la secadora.
A las 8:00 las niñas están desayunadas. Acompaño a Luti (ya sin mocos) a su cuarto para vestirla. Quiere vestido y hay que ponerle por tanto leotardos.
Niñas vestidas. Preparo las meriendas para el cole y ellas ponen la tele después de haber pasado por el cuarto de baño para hacer pipí.
Me ducho y me visto.
A las 8:20 en la calle y caminito (un poquito a pie y un poquito andando) al cole.
Fin del capítulo a las 8:30, cada una a su clase después de haberlas apuntado para quedarse hoy en el comedor.

No está mal, ¿no?
Lo que no entiendo es que las mamás, además de esta carrera contra reloj matutina diaria, todavía tengan tiempo para maquillarse





Mamás eternas

12 05 2008

Milan Kundera (creo que en La vida está en otra parte) le dice a uno de sus personajes: “Tu mamá te tiene atado por un collar que te puso hace años y del que nunca podrás liberarte”.

Hasta tal punto estoy de acuerdo con la afirmación que a veces clasifico a las personas por el grado de sometimiento a esta maldición. Las que lo hacen de buen grado y total inconciencia, las que lo viven como carga, las que intentan tímidamente distanciarse del dominio.

Así como la dominación del padre autoritario al estilo patriarcal es severa y grosera, hasta el punto que genera la inevitable reacción de rebeldía (el famoso “adios al padre” o “matar al padre”), la dictadura femenina es sutil. La madre / abuela posee a sus hijos mediante el afecto y el chantaje emocional. Su omnipresencia está cargada además de una dimensión trascendente, que obliga a los hijos a asumir su dependencia como un acto de gratitud.

Un hijo nunca es suficientemente agradecido para con su madre. Le debe la vida. Y se la debe de por vida.

Por consiguiente, a la mamá no se la analiza. Quizás se pelea con ella, se la discute. Pero al final siempre se la devuelve al trono que nunca deja de ocupar. La figura matriarcal está blindada contra el análisis, seguramente porque analizar es una intromisión sicológica, una profanación de la intimidad, una invasión no autorizada.

El poder de la mamá en la nueva sociedad permanece intocable.





Mi abuelo

11 05 2008

Mi abuelo se casó con mi abuela siendo ambos primos y ella una niña de apenas 15 años. Él debía tener cerca de los 23 o 24, y había cursado varios años de Arquitectura en la Universidad.
Crearon una familia numerosa y aparentemente feliz: 14 hijos, de los cuales sólo dos murieron de pequeños.
Mi abuelo murió tranquilamente a los casi 80 y ella superados los 90, dejando una buena colección de nietos y hasta biznietos. Vida estable y organizada, socialmente reconocida y cargada de éxitos familiares: ni siquiera la Guerra Civil rompió la integridad del grupo, en el que nunca se registro escándalo alguno.

De pequeño (mi abuelo ya había fallecido) encontraba su foto en todas las casas de sus descendientes. En la nuestra, claro, pero en la de los demás tíos y tías: en todas ellas colgaba la misma imagen oficial del patriarca, venerado todavía muchos años después y recordado por sus hijos e hijas a través de multitud de anécdotas contadas con carácter canónico.

Con el paso de los años, las modas y las ideologías, algunos modelos sociales también quedan afectados por estos cambios. Y ya no resultan tan ejemplares como entonces parecían.
La historia de mi abuelo sería uno de estos casos.

Dos anécdotas:
Una de mis tías acompañó a sus padres (mis abuelos) a una fiesta de lo más formal. Un chico le pidió para bailar y ella, modosa y obediente, pidió permiso al padre con la mirada. Él se limitó a mirar a la hija sin negar con la cabeza. Pero de regreso del vals, ella recibió un cachete en la mejilla: el padre, mi abuelo, le había pegado “por descarada”. Pero lo más interesante de la historia es el tono con que ella lo contaba, empapado de admiración por él.

Mi abuelo era aficionado a la homoeopatía, y guardaba en un armario de su casa (he llegado a verla) una buena colección de manuales y medicinas. En una ocasión, uno de sus hijos se puso muy enfermo, con altísimas fiebres. Tanto, que el médico que lo visitó casi lo dio por muerto. Pero mi abuelo se limitó a registrar el disgnóstico. No le aplicó al hijo la medicación recetada por el médico, sino la suya propia, aquella que la doctrina homeopática recomendaba como adecuada. Final feliz: el hijo se recuperó.

Mi abuelo era pues dominante y autoritario. En ninguna de las diversas anécdotas que me llegaron figuraba mi abuela, a pesar de que fue una figura siempre presente.
Lo que entonces pasa por una familia ejemplar (doce hijos educados de forma casi militar con éxito) hoy podría interpretarse como expresión de un modelo patriarcal criticable.

Y todo esto viene a cuento del mosntruo de Amstetten que tanto nos escandaliza. Sin duda, la mayoría de patriarcas admirables de un tiempo no eran torturadores ni violadores. Pero su amor por la familia y la esposa, su manera de gobernar al grupo tenía en común con el loco austríaco mecanismos parecidos: el absolutismo con que el patriarca decidía por los suyos, incluso contra ellos.

Es curioso: hoy día ha desaparecido esta figura del imaginario colectivo, tanto y tan deprisa que ni siquiera podemos aceptarlo como posibilidad histórica. Nos parece una monstruosidad.

Mientras las mujeres, como género, han elaborado un discurso reivindicativo que reinterpreta el pasado y funciona como estímulo del futuro, los hombres naufragan en la historia: ni siquiera reniegan del patriarca que les antecede porque está prohibido, o en el peor de los casos lo resucitan trágicamente y con torpeza al matar a la esposa que quiere la separación.